¿Quiénes son las niñas y los niños?

 


Acompañar a los bebés, niñas y niños en la primera infancia engloba una diversidad de acciones que tiene cómo propósito promover su desarrollo, bienestar emocional y aprendizaje, reconociéndolas como personas únicas que se relacionan y aprenden de una manera particular. Por tanto, el acompañamiento que hacemos  los y las educadoras en estas edades tiene una intencionalidad pedagógica y se fundamenta en la construcción del vínculo, en la escucha, la cercanía, la presencia y la disponibilidad. Para acompañar sus procesos de desarrollo y aprendizaje, se hace necesario conocer a cada uno de los niños y niñas, su historia, capacidades, competencias, saberes y formas de aprender. También nos ayuda conocer más sobre su entorno familiar, los estilos de crianza, costumbres y conocimientos sobre el desarrollo y aprendizaje que tienen sobre las niñas y niños en estas edades.

Por otro lado, las ideas que tenemos sobre cómo son las niñas y niños, las necesidades que tienen van a marcar nuestra manera de acompañar y el tipo de cuidados que les brindamos; por eso, es importante que se parta de un proyecto educativo coherente, teniendo en cuenta la mirada que hay sobre la infancia, los principios que orientan la práctica educativa y los elementos que favorecen el desarrollo infantil en los primeros años de vida.

En este post vamos a prestar atención a esa mirada sobre la infancia y cómo a partir de las investigaciones actuales, es necesario un cambio cualitativo y un abordaje de la infancia que parte de reconocer a las niñas y niños cómo:

1. Sujeto de derechos: esto implica entender que desde el momento que nace posee una serie de derechos inherentes a su condición humana. Esto quiere decir que los bebés, niños y niñas  no son simplemente objetos de cuidado y protección, sino que son personas con dignidad y valía propia, con necesidades, intereses y capacidades que deben ser respetados y promovidos. Algunos de estos derechos son: derecho a la vida y a la supervivencia, derecho a la salud, derecho a la educación, derecho a la protección, derecho a la participación, derecho a la identidad, derecho al juego y derecho a un entorno seguro y sostenible. Reconocer que las niñas y niños son sujetos de derechos implica garantizar que se respeten todos sus derechos en todas las circunstancias y que se les brinde el apoyo necesario para ejercerlos plenamente teniendo en cuenta su edad, madurez y capacidad de comprensión. Esto implica un compromiso por parte de la sociedad en su conjunto para asegurar el bienestar y el desarrollo integral de todos los niños y niñas, independientemente de su origen, género, capacidad o cualquier otra condición.

2. Sujeto de acción más que de reacción: implica entender que tienen capacidad para influir en su entorno y en su propio desarrollo y que no son meros receptores de estímulos externos. Esto significa que las niñas y niños son agentes activos en su proceso de crecimiento, aprendizaje y socialización y pueden participar de manera significativa en la construcción de su propia identidad y en la forma que interactúan con el mundo que les rodea. Esto implica una concepción de la infancia como una etapa de desarrollo dinámica y activa, en la que los niños y niñas tienen un papel protagonista en la construcción de su presente y su futuro.

3. Son seres sociales que necesita del otro para crecer y desarrollarse: esto implica comprender que las relaciones interpersonales y el entorno social tienen un papel importante en el desarrollo integral. Desde el momento del nacimiento, las niñas y niños dependen de las interacciones con sus cuidadores y de su entorno social para satisfacer sus necesidades físicas, emocionales y cognitivas, así como adquirir habilidades y conocimientos que les permitan desenvolverse en el mundo. Este reconocimiento subraya la importancia de proporcionar un entono afectivo y seguro en el que las niñas y niños puedan establecer vínculos y relaciones significativas y desarrollar todo su potencial como seres humanos.

4. Son seres capaces y competentes: desde el nacimiento poseen habilidades y capacidades que les permiten interactuar con su entorno y aprender de él de manera activa. Es decir, en lugar de considerar a las niñas y niños como seres pasivos que necesitan estar guiados constantemente por el adulto, se reconoce la capacidad de participar activamente en su aprendizaje. Significa también que los adultos debemos respetar y apoyar esta capacidad, ofreciendo un entorno que favorezcan la oportunidad de exploración y aprendizajes, su curiosidad, creatividad y autoestima, ofreciendo apoyo cuando sea necesario pero permitiendo que los niños y niñas tomen decisiones y dirijan su propia actividad autónoma.

Al leer esta manera de ver a las niñas y niños, no sé si te estarás preguntando ¿Cómo los ves tú? Es positivo que reflexiones acerca de quién es para ti el bebé, el niño o niña y si tu manera de verlos responde a lo anterior, que es posible, ya que tenemos una tradición pedagógica muy diferente y tampoco había casi investigaciones sobre la primera infancia. Transformar esta mirada es posible y el primer paso es reflexionar y ser conscientes de dónde nos situamos y qué concepto tengo del niño o niña. ¿Te animas a la reflexión?

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